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Esto no es conciliar, pero como en casa… en ningún sitio





Soy docente, investigadora y madre. Afortunadamente desde hace semanas que se inició en confinamiento estamos todos con salud y en casa. Es el mejor escenario posible dentro de esta crisis. Además tanto  mi pareja como yo tenemos la suerte de mantener nuestro trabajo gracias a la conexión a internet, lo que nos lleva a compaginar la corresponsabilidad de la crianza y educación del pequeño con los cuidados de la casa y el trabajo de cada uno. Sin duda, el mejor de los escenarios posibles.
Sin embargo, aún dentro de la fortuna en tiempos de confinamiento de mantener la salud y poder compartir mucho más tiempo juntos también se sufren tiempos de agobio. Desde que nos levantamos pronto por la mañana hasta la noche no paramos ni un segundo y cada día nos acostamos con la sensación de no llegar a todo, de no cumplir del todo con nada.
Anoche, antes de dormir, estuve revisando los resultados que la asociación “Yo no renuncio”  ha obtenido mediante una encuesta a la que respondieron un total de 12.604 mujeres y madres acerca de cómo están viviendo el confinamiento y el trabajo en esta situación. No son datos representativos ni concluyentes, no es una investigación sólida sino más bien un sondeo de opinión, pero no pude verme más reflejada con algunos de ellos:
Fuente: Asociación "Yo no renuncio"


  • ·        El 97% de las madres apunta que las principales barreras en el teletrabajo son las interrupciones de los hijos e hijas, seguido de la falta de concentración para el 67% de ellas.
  • ·         7 de cada 10 mujeres afirman no haber podido crearse un espacio de trabajo para ellas.
Los datos confirman lo que tantas familias estamos viviendo, porque la sensación de agobio y de no llegar no es exclusivamente femenina. Lo que hacemos cada día son turnos de agobio para poder avanzar poco a poco para cumplir con todas las responsabilidades al menos priorizando lo más urgente. Desde el humor también se está reflejando esta realidad como bien nos muestra la cómica Martita de Graná de forma muy clara:
Fuente: Martita de Graná

Viendo el vídeo, da que pensar que quizá necesitaremos también un horario controlado para que las madres y padres podamos salir solos 20 minutos a que nos dé el aire y tener al menos ese tiempo de intimidad y despeje mental. Quienes que no tenemos perro y hemos aprovechado las bondades del comercio local a domicilio  tan sólo nos queda tirar la basura.
Pero volvemos de nuevo al inicio, esta es una situación que aunque puede derivar en malestar psicológico y emocional, no deja de ser la más positiva en estos momentos. Mucho se habla de los consejos de los psicólogos acerca de la necesidad de mantenerse activo y mantener rutinas. 

Y eso es precisamente lo que los padres y madres hacemos, cada día es rutinario, tanto que no se distinguen, y nos mantenemos activos todo el tiempo. Como dice Whitman “abeja laboriosa no tiene tiempo para la tristeza”. Nuestras dificultades son diferentes, no es tanto la depresión, pero sí la ansiedad y el estrés. No son la sensación de encierro, de soledad o el miedo, porque no tenemos tiempo de pararnos a eso, pero tampoco a hacer deporte ni ver una serie de Netflix.
Nuestras dificultades son las que ya sin confinamiento tenemos habitualmente, pero acrecentadas aún más. Da la sensación de que esta crisis ha servido como potenciadora de todo, de nuestras virtudes, defectos y dificultades. Las ha dejado todas al descubierto de manera evidente como nunca. Y ahora me pregunto ¿qué pasará al final del confinamiento? ¿Seremos más conscientes de que es preciso  favorecer la conciliación? ¿Valoraremos mejor la labor de los docentes que favorecen que dispongamos el tiempo para poder cumplir con nuestros objetivos profesionales? ¿Valoraremos todo este tiempo, el regalo que supuso a fin de cuentas para poder ver crecer a nuestros hijos más allá del agobio? ¿Nos quedaremos con lo positivo, o se romperán muchas parejas por el desgaste de estas semanas? Cada vez que reflexiono y escribo acabo con muchas más preguntas que respuestas.

Autora: Sonia Martínez Requejo

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