Según la UNESCO, en estos momentos se estima que unos 1500 millones de niños en todo el mundo están en casa sin poder ir a clase debido a la crisis del coronavirus. Nos contaba hace unos días Lucas Gortázar (@lucas_gortazar) en la Cadena Ser que el acceso digital en España podría acrecentar la brecha educativa en un futuro próximo.
Se calcula que el 10% de las familias españolas no tienen acceso a las nuevas tecnologías en sus domicilios, ya sea a internet o a dispositivos, lo que de cara a la educación de los más pequeños supone un gran obstáculo para avanzar en clase.
Se calcula que el 10% de las familias españolas no tienen acceso a las nuevas tecnologías en sus domicilios, ya sea a internet o a dispositivos, lo que de cara a la educación de los más pequeños supone un gran obstáculo para avanzar en clase.
Existen zonas en nuestro país que todavía hoy en día están menos provistas de buenas comunicaciones: cobertura, redes de telefonía fija y adsl; y la fibra aún es un bien de lujo reservado para entornos urbanos. Si nos vamos a las zonas rurales de nuestro territorio, encontramos lugares en los que incluso la señal de televisión es algo pobre. Por ello es lógico deducir, y lo estamos viendo con esta situación de aislamiento social a la que nos vemos obligados. En el campo de la educación esto se hace aún más notable, ya que se está pretendiendo suplir la enseñanza presencial con otra para la que todavía muchos hogares no están preparados.
Como alumna del Máster de Formación del Profesorado, he sido testigo de esta situación en un entorno particularmente afectado por este hecho. En el momento del cierre de los centros escolares, me encontraba haciendo prácticas en un Centro de Promoción Rural, cuya finalidad principal, además de la educación de los niños, es impedir la despoblación del campo y minimizar las diferencias existentes entre las zonas rurales y las zonas urbanas.
En este contexto, en el Centro el uso de las nuevas tecnologías era muy ocasional. Los alumnos, por su parte, no disponen de conexiones por cable en sus casas, sólo pueden acceder a internet a través de dispositivos móviles con la limitación en velocidad y en consumo de datos que esto implica. Evidentemente, en estas condiciones, realizar una videoconferencia o incluso intercambiar vídeos u otro tipo de archivos pesados con ellos resulta prácticamente imposible.
Dadas estas circunstancias, desde que empezó el confinamiento, las actividades escolares de estos alumnos se reducen a realizar actividades que se les envían por correo electrónico. No hay ningún tipo de comunicación efectiva con ellos. Cada estudiante recibe las tareas y, cuando las termina, las devuelve por el mismo medio, sin saber cuándo recibirá la corrección.
Estoy segura de que esta situación que yo he tenido la oportunidad de ver de primera mano en mi centro de prácticas, se está repitiendo en muchos otros centros de distintas zonas del mundo. Al final, lo que está sucediendo es que la brecha digital se está convirtiendo en una brecha educativa que, si se sigue prolongando en el tiempo, va a ser difícil de compensar. Todo esto va en contra de una sociedad democrática que debe velar por la igualdad de oportunidades de todos y cada uno de sus habitantes.
Román A. C.
Delia D. S.
Alba G. G.
Alumnos del MUFP de la Universidad Europea
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Corbatón, A. (2/04/2020). La brecha digital educativa se agranda en el confinamiento. Cadena Ser. Recuperado de: https://cadenaser.com/programa/2020/04/02/hora_25/1585854201_021818.html
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Alumnos del MUFP de la Universidad Europea
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Corbatón, A. (2/04/2020). La brecha digital educativa se agranda en el confinamiento. Cadena Ser. Recuperado de: https://cadenaser.com/programa/2020/04/02/hora_25/1585854201_021818.html
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Gracias por compartir tu experiencia este tipo de centros educativos suelen ser invisibles
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