Quien nos iba a decir hace unas semanas que
nuestra libertad deambulatoria iba a ser suprimida. Seguramente si alguien nos
lo hubiese anticipado, lo hubiéramos tachado de loco o catastrofista, este
último término que está tan de moda últimamente. Todos nuestros proyectos se
han visto truncados a corto plazo, el futuro incierto invade nuestro
pensamiento, la incertidumbre es ahora la protagonista, las relaciones
personales no son más que un recuerdo lejano. Andar más de 20 segundos en línea
directa, es ahora un lujo, vivíamos en una felicidad inconsciente que nos hacía
ver la vida de forma muy diferente.
El estado de alarma está en boca de todos,
surgen en la práctica las críticas a la interpretación de las restricciones a
la libertad de circulación, será cuando termine el estado de alarma cuando las
administraciones interpreten los recursos contra las sanciones impuestas en
este periodo. La exposición de motivos del real decreto, nos indica la no
suspensión de ningún derecho fundamental, solo de una limitación que nos ha
cambiado radicalmente la vida. Nos encontramos solos, aislados del resto, en
nuestra burbuja y con ávidas necesidades de información de lo que está pasando
en el exterior. Y precisamente esto, la única ventana que nos muestra la
realidad que existe allá afuera nos inquieta de manera sobrevenida.
El pasado 15 de abril, varios diarios se hicieron eco
de una pregunta que formaba parte de una encuesta del CIS y que planteaba
«¿Cree Ud. que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e
informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de
comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes
oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de
noticias e informaciones?». Esta cuestión generó una gran polémica
especialmente entre los distintos medios de comunicación al sentirte estos
interpelados. Diversos medios alegaron que la estructura de la pregunta del CIS
era tendenciosa al disfrazar de lucha contra la desinformación, lo que en
realidad es monopolio de la información y un golpe a la libertad de prensa. La
crisis del COVID-19 ha convertido la información en un arma política, donde en
función de los intereses partidistas se atienden unas estadísticas u otras.
Otra noticia en relación a la cuestión de libertades comunicativas, saltó a la
palestra en el ámbito de la redes sociales, al hacerse público que la Policía
Nacional y la Guardia Civil a propuesta del Gobierno iban a rastrear las redes
“para evitar el estrés social” durante la crisis sanitaria. Según palabras del
propio ministro del interior, Fernando Grande-Marlaska, «los bulos son los
grandes aliados del coronavirus». Estas declaraciones generaron cierta
polémica, ya que aunque el rastreo de redes es algo habitual especialmente para
cuestiones de ciberseguridad, no lo es tanto para el control de las noticias
difundidas y la transmisión de información. Que nos encontramos en una nueva
era de la información es algo realmente fácil de demostrar, pero que con la
coyuntura actual estamos recapacitando sobre la restricción de nuestras
libertades individuales y colectivas salta a la vista. Pongamos como ejemplo a
Corea del Sur, según los expertos es un buen ejemplo de del uso intensivo de
datos a través de la geolocalización para señalar los contagiados y realizar un
seguimiento de los mismos. ¿Estamos ya en la antesala de la privación total de
nuestra libertad individual a fin de mostrar en cada momento lo que hacemos y
dónde nos encontramos? ¿Cuáles son los fines reales que persigue este control
de la información que señala las instancias superiores con el objetivo de
protegernos? En la situación en la cual nos encontramos, solos, aislados y con
la información que nos llega a través de nuestras pantallas somos un blanco
perfecto contribuir a este nuevo orden mundial.
Rubén P.C.
Miriam R.C.
Iván R.S.
Alumnos de M.U.F.P. de la Universidad Europea

Ufff,,, qué interesante vuestra reflexión y qué necesaria. Nos debatimos entre el miedo y la libertad y casan muy mal. A ver qué queda de todo esto, esperemos que seamos capaces de ser responsables sin dejar de ser críticos.
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